En 1996, Marvel lanzó “Onslaught” (Massacre), un evento que se convirtió en sinónimo de los excesos de los 90: arte exagerado, guiones confusos y un reinicio polémico (Heroes Reborn). Ahora, en 2026, con el beneficio de tres décadas de distancia, es hora de admitir una verdad impopular: fuimos demasiado duros con esta saga. No es solo “ruido y furia”; fue el final épico de una era y el nacimiento de la Marvel moderna.
El “Endgame” de los 90
A diferencia de la creencia popular, “Onslaught” no fue un evento aleatorio. Fue el clímax meticuloso de años de historias de los X-Men. La revelación de que el “Traidor” que destruiría al equipo era el propio Profesor Xavier (fusionado con la psique oscura de Magneto) fue uno de los giros más valientes de la editorial.
Si ignoras los tie-ins innecesarios y te centras en el núcleo de la saga (X-Men, Uncanny X-Men y los números Bookend), encontrarás un éxito de taquilla de verano perfectamente ejecutado. Con arte de leyendas como Adam Kubert y Joe Madureira en su apogeo, la saga ofrece el espectáculo visual definitivo de esa década.
Un Legado Necesario
Muchos critican a “Onslaught” por conducir al reinicio de Heroes Reborn. Sin embargo, esta “limpieza” fue esencial. El sacrificio de los Vengadores y los Cuatro Fantásticos para detener al villano allanó el camino para los Thunderbolts y, finalmente, para el regreso triunfal en Heroes Return. Sin el caos de “Onslaught”, Marvel no se habría reestructurado para la edad de oro creativa de los años 2000. Es una lectura divertida, grandilocuente e histórica que merece ser revisitada sin prejuicios.